Influencers y Crowdfunding

Crowdfunding: Red de financiación colectiva. Proviene del vocablo inglés ‘crowd‘, que se refiere a multitud, y ‘funding’, que significa financiación. Las personas interesadas en la idea, ya sea por interés en el proyecto o por razones de complicidad y pertenencia, realizan pequeñas aportaciones para ponerla en marcha. El crowdfunding ayuda a pequeñas empresas a conseguir financiación más allá de la que puedan aportar bancos, amigos y familiares. Así, en el futuro cuando el proyecto funcione, estos pequeños inversores podrán beneficiarse de él. 

Peer 2 Peer (P2P, entre pares): Red descentralizada en la que todos o algunos aspectos funcionan sin clientes ni servidores fijos y sus nodos se comportan como iguales entre sí. Las redes P2P permiten el intercambio directo de información, en cualquier formato, entre los ordenadores interconectados.

Los tiempos sí han cambiado

Con el paso del tiempo, internet fue evolucionando hacia convertirse en este Frankenstein que nunca resulta como uno espera.

Si nos remontamos a los inicios (y no tanto); digamos, desde la era del dial-up hasta el mundial 2014, es imposible no pensar en sitios y aplicaciones P2P como Napster, eMule, Ares, Megaupload y similares.

Épocas donde compartir en internet, el cd que te habías comprado, el demo de garaje de tu banda under, o algún capitulo mal grabado del TV de tu serie preferida, y que alguien en la otra punta del mundo lo descargara, era un éxito más que rotundo. Si tenías un poco de creatividad y ganas de tener conocimientos web -libro impreso mediante- , hasta creabas un website para compartir el contenido de tu preferencia. Incluso pagabas de tu propio bolsillo por el dominio del sitio y las aplicaciones que requerías. Tu ‘paga’ era ver como subía el contador de visitas HTML que recién habías aprendido a insertar.

Porque tu trabajo era otro, y tus ingresos provenían de otras actividades. Internet, no era más que un pasatiempo, tanto para los creadores de contenido, como para los consumidores de dicho contenido. La premisa de internet en esa primera fase, era que lo costoso era acceder a una computadora con conexión a internet, pero una vez dentro, internet era gratis.

A medida que los años pasaron, el contenido se fue profesionalizando y la calidad empezó a mejorar. El tiempo invertido en esos proyectos implicó la necesidad de empezar a comercializarlos y por ende comenzaron las suscripciones o membresías a diferentes productos. Pagabas, y veías el contenido. Hasta ahí, todo parecía inofensivo.

Los influencers son solicitadores crónicos de subsidios

Hoy, la historia es bastante diferente. 

Internet, lejos de ser ese lugar libre, donde todos éramos iguales, donde la información era un privilegio que queríamos compartir, que nos quemaba en las manos, se convirtió en un nido de solicitadores crónicos de subsidios. 

Artistas. Se dicen artistas. Se asumen talentosos, meritorios y dignos. Conquistadores de la audiencia. De una audiencia compuesta en su mayoría por seres igual de aspiracionales y probablemente vacuos que el influencer al mando. Creadores de contenido son, porque crean, eso es innegable. Dejemos -por ahora- la calidad de lado. Ellos crean. Pero el solo hecho de crear, ¿legitima que la audiencia deba aportarles dinero por todas las vías posibles, para “apoyar” sus creaciones? ¿Legitima el pedido de dinero casi desesperado, casi al nivel del reclamo?

Van Gogh murió pobre. Rembrandt murió pobre. Monet murió pobre.

Ninguno enviaba cartas a los periódicos solicitando dinero para pagar sus obras. Ni sus vicios. No los imagino exigiendo donativos a cada persona que tal vez por azar, se topara con su obra.

Se auto perciben fuera del mainstream, porque su contenido -según ellos- es distinto, original y único (incluso cuando luego hacen el mismo challenge, la misma coreografía, la misma foto, dan la misma opinión que otros 20 sobre el mismo tema, y la lista sigue). Y como están fuera del mainstream y nadie pone dinero por ellos, y ni siquiera ellos mismos ponen dinero por ellos; Usted, el pobre incauto que entra a una red social, recibe las sugerencias más disparatadas y tiene el tupé de caer en una de ellas, ahora les debe dinero. Porque Usted se entretuvo viendo ese contenido. Porque no importa que Usted ya haya pagado por su dispositivo, conexión a internet y electricidad, techo, holgura mental y tiempo de ocio y gracias a eso pueda dar su apoyo consumiendo ese contenido (que de por sí, hoy en día tener gente que reproduzca tu contenido, produce un ingreso. En Napster nadie te pagaba por tener el tema más veces descargado). Nada alcanza, pues su arte, a su criterio, es invaluable. Usted les debe. simplemente porque ellos forman parte de la sagrada casta de los artistas. 

Artistas que evitan riesgos porque no es su capital el que invierten, no hay compromisos ni deudas con entidades financieras, el fracaso o éxito solo afectará a su ego. Pero a la vez tienen el control total sobre su arte.  No corren ningún riesgo. Un privilegio que nadie más tiene. Un privilegio que nadie jamás ha tenido nunca, ni los más eximios artistas.

Pero ellos de algún modo, han logrado legitimar esto y creer que tienen derecho a vivir de donaciones. Como si por aceptar una muestra gratis en el supermercado, uno estuviese moralmente obligado a comprar el producto.

Incluso están los que pretenden una donación anticipada. “para el futuro proyecto”. “Se vienen cosas nuevas”. Usted abone. Si lo que pagó no resulta de su agrado, de todos modos no podrá hacer nada. Es el único negocio en el que el cliente no sabe por lo que está pagando.

Y que el proyecto no resulte de su agrado, será el mejor de los casos. Porque los influencers hacen demasiadas cosas. No se olvide que son artistas, guionistas, fotógrafos, editores, publicistas y expertos en casi todo. Y abarcar tanto, puede resultar agotador. Así que por favor, no tenga el descaro de exigir un producto a cambio de lo donado, pues ellos simplemente harán lo que puedan.

¿Pero que clase de timo es esto?

Las plataformas de crowdfunding, felices

De todos modos, no se deprima que no todo esta perdido en esta nueva moda de pseudo-artistas exigiendo diezmos: hay mucho trabajo atrás de las distintas plataformas de crowdfunding. Trabajo real. Tangible. De desarrolladores, diseñadores, testers y managers. De vendedores.  De bancos haciendo transacciones. De gestores deduciendo las donaciones de los impuestos a pagar. 

Plataformas que no entregarán el dinero a menos que se logre el monto objetivo.  Que además cobran alrededor de un 5% de cada centavo aportado. Plataformas que también están haciendo su negocio, no solo el influencer.

Las reglas están claras. Lo que no me queda tan claro es,  ¿cuál sería exactamente la ganancia del inversor?

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