Almas muertas de Nikolai Gogol

—Si aquí se plantara un bosque, el paisaje podría ser más bello que…
—¿Acaso es amante de los paisajes? —preguntó Kostanzhoglo, que se
lo quedó mirando con aire severo—. Cuidado, si va en busca de paisajes
bellos, acabará sin grano y sin vistas. Fíjese en la utilidad, no en la belleza.
La belleza llega por sí misma. Tome las ciudades, por ejemplo: las mejores
y las más hermosas son las que se construyeron por sí solas, donde cada
cual edificó conforme a sus necesidades y a sus gustos. Pero las que se
construyeron siguiendo una fina hilera no son mejores que los cuarteles del
ejército… Deje a un lado la belleza y fíjese en las cosas esenciales…

En su novela Almas Muertas, situada en la Rusia imperial de XIX, Nikolai Vasilievich Gogol (1809-1852) nos invita a recorrer su visión de la sociedad aristocrática rusa del siglo XIX exponiendo lo absurdo de sus costumbres. En épocas en las que los terratenientes tenían derecho a poseer siervos para cultivar sus tierras (lo cual duró hasta la emancipación de los
siervos en 1861), los siervos eran considerados propiedad del burgués, y
podrían ser comprados, vendidos o hipotecados, como si se tratara de cualquier bien de uso. Para contarlos se utilizaba la palabra «alma»: por ejemplo, «cien almas de siervos».

El héroe que Gogol nos describe, Pável Chíchikov -y que nos es presentado utilizando ese término y en tercera persona, hablándole directamente a la audiencia-, llega a una pequeña ciudad y se hace pasar por terrateniente para ganar peso entre la alta sociedad. Sin embargo y para su desgracia, no posee ni una sola “alma”. Con el fin de resolver su situación, decide aceptar una astuta sugerencia de la mismísima burocracia rusa. Cada propietario tenía una lista de sus siervos que sólo se actualizaba con fines censales cada cierta cantidad de años. Así, aunque un campesino muriera, el propietario debía continuar pagando impuestos por él, a quién se lo seguirá contabilizando como persona viva hasta el siguiente censo. Chíchikov visita a los distintos propietarios -cada cual más insensato y grotesco que el anterior- y les pide que le vendan esas almas muertas a un precio irrisorio…en la mayoría de los casos, sin demasiadas preguntas y con éxito.

La funesta misión de Chíchikov de hacerse con los derechos de propiedad
legal de las almas muertas es en realidad solo el inicio de una complicada trama para incrementar su riqueza y poder. Una vez que adquiriera suficientes almas, el gobierno central, según la cantidad de siervos que posea, le  adjudicaría subsidios suficientes para hacerse propietario de una hacienda
perdida (que eran otorgadas gratuitamente a los colonizadores). Teniendo esas
tierras y esas almas como aval, podría luego hipotecarlas y finalmente hacerse
de la gran riqueza y posición social que él tanto anhelaba.

Con el transcurso de los capítulos y tras una sucesión de infortunios; la verdad sale a la luz, su moral se ve puesta en tela de juicio y es forzado a abandonar la ciudad, pero aun así no renuncia a su emprendimiento. Su desesperación e impericia para obtener dinero rápido, eventualmente lo lleva a traspasar los límites, llegando a robarle a una anciana moribunda. Crimen por lo cual es brevemente arrestado, pero aprovecha los contactos otorgados por su nueva influencia, para ser liberado a pesar de los cargos en su contra.

Por qué no esta terminada

Almas muertas, fue originalmente pensada en tres partes, rindiendo una suerte de homenaje a la Divina Comedia.

El 24 de febrero de 1852, Gogol quemó el segundo volumen casi terminado de Almas muertas. Se desconocen los motivos que lo llevaron a tomar esa decisión. Tal vez por disconformidad con el resultado, en medio de un ataque de ira, de un brote místico, o tal vez incluso por accidente (lo mismo que sucedió con Kafka, quien ha quemado buena parte de su obra). Lo que sí conocemos, es que Nikolai Vasilievich Gogol falleció nueve días más tarde.

Los capítulos que aún se conservan del segundo volumen fueron publicados mediante una exhaustiva reconstrucción de los cinco manuscritos encontrados (y que al igual que sucedió con Kakfa, pudieron ver la luz gracias a la intromisión de un amigo que los conservaba). Estos capítulos proceden de diferentes versiones del autor, hay párrafos faltantes y por momentos se torna un poco difícil seguir el hilo de la historia. Sin embargo, y aunque la intención de la redacción no se manifieste con claridad sino hasta el final, -donde nuestro héroe se arrepiente y se muestra rebosante de buenas y recién descubiertas intenciones-, se pudo recopilar lo necesario para que la historia tenga un cierre.

La (in)moralidad de los personajes

El talento de Gogol para la descripción, puede percibirse no solo en las casi 600 páginas que están disponibles, sino hasta incluso en el título. Aunque durante algunos años haya tenido que cambiarse por Las aventuras de Chíchikov, Almas Muertas no podría haber sido titulada con mayor exactitud. Las almas muertas, que en principio serían los siervos fallecidos, probablemente sean las almas menos muertas de todas las que se describen. Son las palabras justas para describir a todos y cada uno de los personajes que nos presenta.

Por un lado estaban aquellos que constituían el absurdo universo de la burocracia rusa, donde la verdad yacía en los documentos y no en la realidad. Aprovechándose de un vacío legal, cualquier patán podría sacar provecho y hacerse de dinero fácil. Debido al tono mordaz con el que describe las distintas instituciones, resulta inevitable pensar en las que luego serian tan bien descriptas por Franz Kafka, por ejemplo, en El Proceso, casi cien años después.

Por otro lado, podemos ver como cualquier atisbo de dignidad humana se esfuma cuando hablamos de comprar “almas”. Chíchikov se topa con esta idea e intenta por todos los medios lograr su cometido de pertenecer a la alta sociedad. Podríamos decir que, al menos al principio, y más allá de lo inmoral de su plan, no está dañando a nadie. La venta de siervos no era algo desconocido, y en general, el hecho de que estuvieran muertos no tenía demasiado significado para los terratenientes. Sin embargo, cuando llega a la instancia de robarle a una mujer moribunda, y la ciudad entera -que hasta recién lo vitoreaba- lo obligaba a marcharse, dejamos de verlo como un oportunista simpático, para empezar a verlo como el autor pretendía que lo viéramos: como un ser despreciable y un delincuente.

Finalmente, la misma aristocracia a la que Chíchikov pretendía pertenecer es la que lo juzga por sus actos, aún cuando ellos mismos le han entregado esas almas, a cambio de dinero y para poder desentenderse los impuestos que generaban, pese a no producir. Lo critican despiadadamente, pero no sin antes haberse quedado hundidos en la preocupación pensando si esas almas muertas se habrían vendido a buen precio, o si podrían haberlas vendido mejor. Los miembros de la alta sociedad, quienes llevaban adelante a Rusia y deberían ser los más educados y listos, nos son presentados como grotescos, incultos y nocivos para la nación. Así y todo, no es sino gracias a la influencia obtenida por medio de sus descarado proyecto, que sus contactos logran sacarlo de la prisión. ¿Cómo se sentirá Chíchikov, ahora que pareció finalmente encontrar la moral, sabiendo que no es merecedor de su libertad? Sólo Gogol conoce la respuesta.

¿Será que todos tenemos algo de Chíchikov? ¿Seremos todos almas muertas, tan exageradamente muertas, al menos en parte? Existe una palabra en ruso, sin traducción al español, que define muy bien la sensación que nos genera esta enorme obra, y puede servir como disparador para elegir de que lado de la vereda preferimos estar: Póshlost. Vladimir Nabókov definió este concepto del siguiente modo: “Póshlost no sólo se refiere a una evidente y palmaria falta de talento, sino que en gran medida es una grandeza falsa, artificial, una belleza impostada, una inteligencia fingida, un atractivo falso. Si se dice de algo que es ‘póshlost’ no sólo se tiene en cuenta un criterio estético, sino que también se da un juicio moral. Todo lo que es verdadero, honesto y hermoso no puede ser póshlost”

2 comentarios sobre “Almas muertas de Nikolai Gogol

    1. ¡Gracias por tu comentario! A mi criterio, una obra impecable, como todo clásico ruso. Espero que me cuentes tu opinión cuando la leas, a ver si coincidimos 🙂

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