Baja por regla dolorosa: ¿estigma o conquista?

España ha propuesto, en medio de un conjunto de modificaciones en la ley de aborto, conceder hasta 5 días de licencia pagos al mes a las mujeres (me niego a decir personas menstruantes hasta que a los hombres se los llame personas eyaculantes), si comprueban que tienen dolores menstruales intensos. Hago el siguiente planteo poniendo el foco casi exclusivamente en la perspectiva de género, no siendo mi intención discriminar si dichas licencias las pagaría el capital
privado o el Estado (es decir, todos nosotros), que costos conllevarían y demás cuestiones político-económicas.

La base argumental de quienes defienden esta moción es que, si los dolores de la regla resultan incapacitantes se deberían valorar de la misma forma que otro tipo de circunstancias y enfermedades sin hacer distinciones, con el fin de lograr una sanidad más igualitaria y con perspectiva de género.

El debate resulta de mi interés, principalmente porque soy una mujer en edad fértil, y sufro de dolores menstruales bastante intensos todos los meses (a los cuales se le suman los demás dolores adyacentes que todas en mayor o menor medida, conocemos), con lo cual, técnicamente, esta licencia me podría beneficiar. No obstante, dentro de lo molesto que es desarrollar no solo un trabajo sino cualquier actividad en los días de la regla, considero que en comparación con otros dolores, los ocasionados por la regla cuentan con dos grandes ventajas: La primera es que son anticipables. Con frecuencia, los dolores son recurrentes y cada mujer logra reconocerlos y anticiparlos con facilidad. Pueden aparecer los días anteriores a que baje la regla, el primer día, o el periodo completo, pero no son una sorpresa y por eso permiten una cierta planeación. Saber que vas a tener un determinado dolor antes de tenerlo, es una innegable ventaja frente a cualquier patología. La segunda, es que existen muchas formas relativamente sencillas para paliar con los síntomas. Generalmente es ibuprofeno, pero también podría ser una ducha caliente, tomar pastillas anticonceptivas, o salir a correr, cada mujer también tiene su método. Y en los casos donde los dolores son realmente inhabilitantes, suelen o estar asociados a alguna enfermedad como la endometriosis, con lo cual la baja ya estaría cubierta por las actuales licencias.

Si bien, como ya he mencionado, coincido en que ir a trabajar con dolores menstruales puede ser sumamente molesto y -en ocasiones- doloroso, la regla no es mas que proceso fisiológico que tardamos muchísimos años en desasociar de la enfermedad y dejar de considerarlo un tabú. Generalizar que se necesiten licencias especiales porque algunas mujeres puedan excepcionalmente necesitar de una licencia (que ya otorgaría el medico de todos modos), sería un beneficio bastante leve en comparación con el detrimento en las conquistas obtenidas (la lucha sigue, pero cinco días menos al mes) y con el potencial riesgo de perjudicar los no tan copiosos avances de las mujeres en el ámbito laboral. Permitir este tipo de licencias podría influir negativamente en la contratación de mujeres en edad fértil, cuando de por sí, la situación ya no es la mejor. Hoy en día y mas allá de que sea moral o legalmente incorrecto, aun se pregunta en entrevistas por los hijos o planes de tenerlos. Me preocuparía extraordinariamente tener que llegar al punto de decir en una entrevista que no respondo preguntas sobre mi ciclo menstrual, pero más aun me preocuparían las chicas que por falta de experiencia o de opciones van a tener que responderlas.

Por otro lado y como todos sabemos, el dolor menstrual entra en la categoría de “dolores no comprobables”. Un médico puede estimar el dolor que se siente en una operación de apéndice, y cuánto tiempo de recuperación requiere. No es difícil lograr un consenso entre personas fuera de la comunidad médica, porque a nadie le es extraño conocer a alguien que haya pasado por una situación semejante. Es medible. ¿Pero cómo medís el dolor de la regla? Al igual que ocurre con la migraña, la lumbalgia o el dolor de muelas, son afecciones que pueden manifestarse de forma muy diferente en cada cuerpo, razón por la que difícilmente son juzgables. Y seguramente así como todos hemos ido a trabajar en alguna de estas condiciones, seguramente también hemos pedido alguno que otro día de baja por el mismo motivo, dependiendo del contexto. ¿Molesto? Sí. ¿Incapacitante? Yo creo que no.

Personalmente, durante toda mi vida he sufrido (cada tanto) cólicos abdominales no relacionados con la regla mucho más fuertes que cualquier dolor relacionado con la misma. Nunca me dieron baja por esto, y siempre pude cumplir con mis actividades. Y que quede claro, no estoy pidiendo que renunciemos a nuestros derechos laborales, sino que no nos confundamos con mártires y no exijamos lo que no necesitamos, que esto es un proceso normal del cuerpo, no una enfermedad, y no es incapacitante de por sí. Y si de exigir se trata, me parece mucho más sensato poner la mira en la exención (y no digo reducción, sino exención) de impuestos sobre artículos básicos de higiene relacionados a la regla, algo que debería tener mayor prioridad en la lista de reclamos. Sin lugar a mucha discusión, parecería ser un tanto injusto que las mujeres debamos hacer un aporte al bien público que los hombres no hacen, solo por menstruar.

Existen países -para mi sorpresa, mayormente en desarrollo, como Indonesia, Taiwán y Zambia; también Japón, Corea del Sur, y México a partir de este año-, que ya cuentan con este derecho desde hace varias décadas, aunque no siempre es remunerado. Sin embargo, aun existiendo este beneficio, en estos países se hace uso del mismo con muy poca frecuencia. Ya sea por desconocimiento de la ley, por no mostrar debilidad, por no recargar de trabajo a sus demás compañeros o por evitar chocar contra la agresividad del mercado laboral, lo cierto es que el porcentaje de mujeres que solicitan esta licencia es cercano al 1%. 

Nosotras, mujeres occidentales, con una mano en el corazón, ¿seriamos tan honestas? ¿Estamos en condiciones de prometer que jamás haríamos uso de ese derecho solo para sacar ventaja personal, sin realmente tener dolores incapacitantes? ¿Sobre las espaldas de quien recaería el trabajo que la mujer no puede hacer en esos días? ¿Qué pasaría con las mujeres que trabajan por cuenta propia, dejarían su producción esos días? ¿Una atleta abandonaría una competición por tener la regla? 

Habiendo dicho todo esto, la pregunta que más me inquieta es la que lamentablemente nunca voy a poder responder: Si la regla la tuvieran los hombres, ¿la baja ya existiría? De solo pensar que sí, se me empiezan a inflamar los ovarios.

 

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