La Peste de Albert Camus (y el Coronavirus)

Siendo Junio del año 2022 y con la peste (el Coronavirus) ya, digamos, normalizado (pensé en escribir “en retroceso” pero no me atreví), empecé a leer La Peste, sin más motivo que el de ser el primer libro en mi lista de pendientes que llamó mi atención. Nunca me había preguntado de que iba la trama, y mucho menos se me hubiese ocurrido asociarlo con la pandemia que tanto padecí, pero durante las más de doscientas páginas de viaje por Oran, el paralelismo me resultó inevitable.

Luego de terminarlo, y comentando con otros autores sobre el enfoque que pensaba dar a esta publicación, me enteré que las ventas de esta novela se dispararon durante los primeros meses de Coronavirus. Hecho que me sorprendió un poco, pero sobre todas las cosas me hizo preguntar si todas las personas que leyeron este libro durante el año 2020 encontraron en él las respuestas que fueron a buscar.

Una terrible epidemia azota la ciudad de Oran

Albert Camus, premio Nobel de Literatura en 1957, nos relata los meses de aislamiento durante una epidemia en Oran, en la Argelia francesa (ciudad de la que es oriundo, conoce «como se trabaja, como se ama y como se muere», y supongo que por eso está presente en mucha de su obra).

La ciudad, anfitriona del bullicio frenético del día a día y del ímpetu colectivo por enriquecerse a costa de una vida monótona y rutinaria, es azotada por una terrible enfermedad. De forma progresiva al principio, escuchando sobre algún caso aislado de dolor de cabeza o fiebre, los habitantes de Oran de pronto sen ve inundados de ratas, gritos desoladores y muerte. A medida que la situación empeora y viéndose desbordada por los decesos, la ciudad entera es puesta en cuarentena. Las medidas sanitarias se tornan cada vez más excesivas y los ciudadanos terminan encerrados y completamente aislados del mundo exterior. La peste se propaga y la desolación lo invade todo. Los habitantes comienzan a volverse más pesimistas, y pierden los motivos por los cuales seguir vivos.

Un buen día (y pasados ya varios meses) la cantidad de muertos llega a una meseta y eventualmente comienza a disminuir. La peste parece terminarse, y las autoridades deciden volver a abrir las puertas, permitiendo los desplazos desde y hacia el exterior. Las personas se reencuentran, y luego de haber sufrido unos meses tan amargos, parecen haber descubierto sentimientos de fraternidad y amor. Por consiguiente, entablan un vínculo mucho más humanitario y cercano que antes del inicio de los hechos.

Los personajes

La peste transcurre en torno a algunos personajes principales, y otros un poco mas secundarios. El protagonista es quién se devela como narrador al final de la obra, el Dr. Bernard Rieux. Médico experimentado, dedicado a luchar contra la epidemia con todas sus fuerzas. Lo acompaña su amigo y confidente Tarrou, quién lo ayuda a documentar la cronología y en su tarea con los enfermos. Y por último el periodista Raymond Rambert, que no siendo habitante de Oran, se encuentra obligado a pasar la cuarentena ahí, e intenta por todos sus medios saltearla para reencontrarse con su amada en París (misión que no logra y termina quedándose a ayudar a los demás).

En menor medida, también participan Grand, Cottard y el Padre Paneloux. Grand es un paciente que se convierte en amigo del doctor Rieux. El convicto Cottard, quien se ve beneficiado por la peste y desea que dure lo mas posible, puesto que cuando ésta acabe será condenado a muerte. Y para concluir con los personajes, Paneloux. Luego de atemorizar a la población en nombre de la severa superioridad de Dios, fallece rechazando el tratamiento de la peste.

La filosofía de la peste

Simbólicamente, la peste de Camus representa en forma de enfermedad a todo lo malo que habita en el ser humano. Lo que lo hace apático, egoísta, hipócrita y demasiado inmerso en el rédito propio. Indiferentes a los placeres mundanos, los integrantes de la ciudad que nos es descrita sólo persiguen la riqueza. Cómo en la vida diaria, no se dan tiempo para reflexionar en lo que se está haciendo.

A lo largo del transcurso de los hechos, se genera una metamorfosis en la sociedad. Al principio nadie se detiene demasiado a observar los incipientes estragos que causaba la peste. Tampoco se empatiza demasiado con sus víctimas. A medida que los muertos y las restricciones comienzan a aumentar, todos logran profundizar su deshumanización e individualismo. Pasaban sus días encerrados y alienados por temor a contagiarse, repitiendo hasta el hartazgo que el mal ahora podía estar en cualquier persona. Cada individuo se ve enfrentado a distintas situaciones donde la empatía, el egoísmo y el altruismo individuales son puestos a prueba. Queda expuesta la lucha entre el bien, el mal y una existencia que ahora se siente reducida al absurdo, pero que en realidad siempre lo había estado.

Hacia el fin de la peste, en cambio, se nos revela una sociedad más solidaria. Luego de tantos meses de aislamiento y soledad, surge una nueva luz de esperanza. El mensaje final es que en las peores desdichas, desde los peores dolores y aunque por momentos salga a la luz lo más oscuro, a la larga siempre aflora lo mejor del ser humano. Dicho en palabras del autor, “en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio”. Pero sin desconocer ni dejar de lado, que a la peste nunca se la vence para siempre pues, también en sus palabras, siempre recomenzará.

Coronavirus vibes

Siendo una persona con ciertas dificultades para adaptarse a las imposiciones y que tiene una especial aprehensión por palabras como “estado de sitio”, flipo cuando pienso que las limitaciones de Camus hacían alegoría a los regímenes dictatoriales de mediados del siglo XX, pero a principios del XXI, nos hemos topado con la peste y sus restricciones en su sentido más literal. En general, se podría decir que es una gran novela que refleja perfectamente la sociedad atemorizada y obsecuente de nuestros días, en una suerte de metáfora atemporal.

Conflictos que nos rememoran los que hemos vivido en los primeros días del Coronavirus. Para comenzar, la demora en proclamar la peste en la ciudad. La Prefectura de Oran no quería tomar medidas debido a que el número de muertos no era tan considerable. En consecuencia, los desplazos entre ciudades seguían sucediendo y la peste se propagaba a otros lugares. Sólo gracias a su perseverancia e insistencia, Rieux consiguió cambiar la opinión de la Prefectura que acabó declarando la peste en la ciudad y dictando la cuarentena. Algo similar a lo sucedido en más de un país, empezando por aquel donde se originó la peste de nuestros días.

También hay que destacar la respuesta de la sociedad a la enfermedad y a las medidas tomadas. En un principio, tanto en la Oran de Camus como en el mundo durante la pandemia, no sucedieron grandes cambios ya que la población no asimilaba el nivel de daño que podía alcanzar la peste. Pero cuando el número de muertos comenzó a ascender las personas empezaron a evitar exageradamente el contacto unas con otras por miedo al contagio. La población empezó a sufrir un proceso lento, pero constante de deshumanización, dejando expuestas las peores miserias.

En la ficción, Camus incluso remarca los problemas de escasez (por ende, también contrabando), algunos productos como las pastillas de menta, pues según rumores infundados, curaban la peste. Se anticipó a lo sucedido en días en que los medios prometian curas con dióxido de cloro, y dónde el alcohol, papel higiénico y otros enseres habían tomado un valor extra dimensionado.

Lo que la peste nos deja

Dejando de lado el dolor y la tragedia asociadas, y analizándolo desde el aspecto literario, ambas pestes nos invitan a reflexionar sobre la muerte, el miedo, la soledad, la solidaridad y la esperanza. Y por qué no, resultan una oportunidad para darle, tal vez, un nuevo significado (o al menos poner una mayor atención) al tiempo, a los vínculos, e incluso a la mera existencia.

 

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