Iván el imbécil

Eximio narrador y maestro del cuento, Lev Tolstoi (1828-1910) nos demuestra su versatilidad como escritor en esta entretenida fábula de carácter alegre y lectura rápida. Si bien por su simpleza, Iván el Imbécil queda bastante lejos de los drámaticos sucesos de sus obras mas veneradas como La Guerra y la Paz o Ana Karenina, el mensaje que nos deja sobre el final resulta efectivo.

Leon Tolstoi

La historia de Iván

Un mujik -campesino- tenía tres hijos: Seman, el guerrero, Tarass, el barrigudo, Iván, el imbecil y una cuarta hija, muda, Malania. Los hermanos Seman y Tarass habían contraído matrimonio y llevaban una vida ecónomica bastante holgada. Por su parte, Iván y Malania vivían con su padre a quién cuidaban y mantenían.

Debido a una mala administración -suya y de su mujer- y a un mal revés en sus tierras, Seman se ve en necesidad de conseguir dinero. Por ello va a pedirle a su padre que le adelante la parte de su riqueza, que por herencia le pertenecería. El mujik se niega, ya que esto perjudicaría a Iván y Malania, pero ante la insistencia de Seman, le responde que dejaría la decisión en manos de Iván. Seman lo interpela e Iván accede a las exigencias de su hermano.

De igual modo, Tarass reclamó su parte, ya que según él, de poco le serviría a un imbécil y a una chica muda. Su padre tuvo la misma respuesta, e Iván aceptó entregarle a su hermano lo exigido. Mientras tanto Iván, despojado de casi todo, seguía arando la poca tierra que le quedaba. Sólo contaba con las pocas herramientas que le habían dejado sus hermanos para asegurarse su subsistencia y también la de su padre y hermana.

El diablo y la magia del cuento ruso

Ante estos hechos, el diablo se enfurece y envía tres diablillos con el propósito de destruir las riquezas de los tres hermanos y hacerlos pelear entre ellos. Los diablillos primero se cruzan con Iván y, a cambio de sus vidas, le otorgan cada uno un deseo. De esta manera, Iván obtiene el poder de curar cualquier tipo de dolor, el de convertir la paja en soldados y las hojas de árbol en monedas.

Al enterarse, y para sorpresa de nadie, Semen le exige soldados a Iván, y Tarass la exige monedas. Iván, siempre fiel a su nobleza, al principio accede. Mientras tanto los diablillos van probando distintas estrategias para corromper a los hermanos, exitosamente en el caso de Semen y Tarass. Ni Semen pudo mantener el ejército que Iván le habia otorgado, ni Tarass su reino. En el caso de Semen, tanto territorio era imposible de controlar, y en el de Tarass, la gente ya no quería aceptar mas monedas, pues tenían de sobras y su valor se había vuelto nulo. En cambio Iván, gracias a su inocencia y desinterés, no usó los poderes que le dieron los diablillos en beneficio propio. Tampoco cayó en ninguna de las trampas que le tendieron para hacerlo pelear con sus hermanos. Incluso logró contraer matrimonio y obtener el reino de su esposa.

Viendo el fracaso de los diablillos, el demonio decide tomar cartas en el asunto y tentar a Iván con lujos y placeres. No obstante, Iván no sólo resulta inflexible, sino que incluso quiere compartirle sus bienes “en nombre de Cristo”. El diablo huye derrotado y los hermanos le piden asilo a su hermano. Como era de esperar, él aceptaba a todos en su reino y seguía viviendo con humildad, aún habiendo derrotado al diablo y adquirido los dones mencionados. Sólamente tenía una condición para aceptar a alguien en su reino: «Quién tiene callos en las manos come a la mesa y aquel que no los tiene: “¡Come lo que sobra!».

La moraleja

Toda fábula tiene una moraleja y ésta no es la excepción. En ésta, por un lado nos encontramos con Iván y su reinado de “imbéciles”. Los imbéciles se muestran como seres desprendidos y generosos con los demás. Desconocen la codicia y trabajan día a dia pacientemente, con honra e integridad pero sin tiempo para elevar su intelecto. Una clara analogía a la clase trabajadora. En contraste, sus hermanos representan algunas de las mas grandes bajezas del ser humano. Seman el guerrero está firmemente ligado al ansia de poder y conquista. Tarass el barrigudo simboliza la ambición desmedida por el dinero. Por último está Malania, la hermana muda que deja en evidencia el pobre papel de la mujer por esos tiempos.

Además del simbolismo en sus personajes, nos encontramos con dos claros mensajes. Primero, que ni el mísmisimo diablo y sus diablillos ayudantes (punto extra por esas vibras a los hermanos Grimm que me evocan a la infancia) logran corromper a Iván ni a los suyos. Tolstoi nos propone que no hay riqueza ni poder que puedan tentar a una sociedad que vive en paz y donde todos trabajen colaborativamente para subsistir, sin escasez, sin odio. Por otro lado, el hombre trabajador, es decir, “el imbécil”, siempre debería ser la prioridad.

Por último, destaco que a diferencia de otros autores, Leon Tolstoi provenía de una antigua familia de la nobleza rusa. Sin embargo, durante los poco mas de sesenta minutos que lleva la lectura de este cuento, podemos percibir una marcada y desinteresada consciencia social. Hecho que resulta quizás un tanto insólito para la aristocracia de su época.

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